LUFER MUSAL
La Mentira
Afirmar lo que se sabe es falso, ha sido, es y será una de las prácticas más comunes en la vida cotidiana; estos discursos, contrarios a la verdad, van desde los simples que pueden ser inofensivos sin dejar de ser mentiras, hasta los preparados con ingenio maligno para hacer daño haciendo, con pleno conocimiento de causa, que se cometan errores. Se podrían recorrer muchos conceptos, pero al final de cuentas: ¿Se reflexiona con profundidad sobre el peso moral de la mentira? ¿Se analizan para tratar de medir sus consecuencias? ¿Es tan difícil caminar por el mundo siendo veraces? ¿La vida nos obliga a ser mentirosos? ¿Mentir sin que nos descubran es un arte? ¿Muchos de los que han tenido éxito fueron hábiles mentirosos? ¿Las mentiras nos permiten llegar a la verdad? Si se miente para proteger a alguien, ¿se está actuando mal? ¿Los lazos íntimos pueden hacer entender el porqué de una mentira?
En fin... se podrían hacer muchas preguntas más, pero la mentira siempre será condenada.

CAPITULO I
El suceso
Mientras se tranquilizaba al ver la reacción de la joven, el japonés se había escondido entre los arbustos, la respiración del maniático estaba agitada, tenía vivos sus bajos instintos. La oscuridad se adueñaba del lugar. Después de haberse reunido con sus amigos, Harry se dirigía a la casa de Rose. Sabía que a esa hora la encontraría, así como al padre de su amiga; deseaba verlo, pues por la interesada conducta del señor él tenía todo a su favor para salir con la suya. Su cerebro era una máquina de tramar maldades y mientras iba en esa dirección conduciendo su moderno automóvil, pensaba:
- Se deben ver a escondidas. Ella lo debe querer.
La furia lo invadía:
- ¿Cómo era posible que ese tonto interfiriera en su camino? Rose era la única chica que nunca le había prestado atención. Ella no tenía la culpa, era él que se había interpuesto. ¿No habría manera de sacarlo?

Desde el momento en que la chica había ingresado a su casa más los minutos para cambiarse de ropa, se había hecho la noche. El degenerado continuaba escondido, arrinconado como una bestia al acecho, trastrocado, sudaba, tenía la boca entreabierta, su mente morbosa lo dominaba.
Justo en esos instantes, el vigilante de la casa vecina, al salir de su caseta oculta por una ramada; al ver la silueta de un hombre sospechoso, de manera instintiva bajó la mano para desenfundar su arma. Dio un paso adelante.
El chasquido de hojas secas hizo que Akira reaccionara en un instante. Frente al intruso, el guardián no pudo hacer nada pues recibió un golpe con impresionante, y luego otro de necesidad mortal. El celador se desplomó.
Con grandes reflejos el nipón comprobó que nadie lo había visto y desapareció del lugar.
Su barco partiría al día siguiente.